Historias Laborales I. Mi primer empleo (formal)

Originalmente este post se iba a publicar en Julio del 2025, por cosas de la vida se retrasó casi un año. pero bueno, espero sea de su agrado.

Muchas han sido las vivencias que he pasado desde que egresé de la universidad. En un post anterior di un breve resumen, quejándome de que, después de haber pasado por mucho, ahora me está costando bastante trabajo conseguir una oportunidad laboral.

Afortunadamente, después de haberle dado difusión en LinkedIn a este blog, mis oportunidades comenzaron a subir. Ahora estoy en el rollo de aprender nuevas skills o repasar lo que ya sé, y por eso no he publicado nada aún. Bueno, les contaré el día de hoy cómo fue mi primer trabajo.

De la felicidad de terminar la carrera a conseguir un empleo

Corría el año 2015, egresé en julio y aquí tuve uno de mis primeros tropiezos.

En temporada de exámenes finales, surgió la oportunidad de aplicar a una vacante para dar mantenimiento industrial en una mina, con un sueldo del doble de lo normal en el sur del país y sin necesidad de contar con experiencia. Apliqué, pero las entrevistas serían en la mina, a 8 h de camino de la universidad; la entrevista sería el viernes, igual que el examen final de la materia de Dirección de Empresas.

En la materia se suponía que aprenderías cómo crear, manejar y hacer crecer tu propia empresa o negocio; o, en su defecto, ser un buen administrador, gerente o manager en una empresa convencional. Aunque en esa ocasión el profesor centró su contenido en cómo Henry Ford cambió el mundo y nos hizo más felices, en cómo tienes que asegurarte de ser el mejor jefe presionando a tus “vasallos” con actitudes firmes, invitándoles un pollo rostizado, la coca y la pizza para convencerlos de que la empresa es una familia en la que trabajas por las experiencias, no por un sueldo para vivir.

Esa materia la tomábamos tres grupos de ingeniería: alimentos, industrial y electrónica. Entre nosotros había varios que ya habíamos emprendido; el más destacable era Néstor, ya muy bien posicionado en el mercado local y regional. Se dedicaba a la crianza, distribución y venta de pollo, manejando la cadena de producción desde la cría y la engorda (produciendo sus propios alimentos) hasta vender el pollito rostizado que llevas a la familia el sábado, terminando el partido.

En mi caso, ya había emprendido con mis amigos un negocio de venta de componentes electrónicos y desarrollo de prototipos que derivó en una startup que funcionó bien, hasta que, curiosamente, hicimos algunas prácticas que, según el profesor de esa materia, eran el plus para salir adelante.

¿Y adivinen quiénes eran aquellos con las calificaciones más bajas en la materia?

En fin, intenté negociar con el profesor poder adelantar el examen o hacerlo en otra fecha. Recibí una respuesta negativa, no logré convencerlo, así que perdí esa entrevista y no pude jactarme de tener empleo unas 3 semanas antes de egresar de la carrera.

De las aulas al desempleo

Una vez egresado, supe que la vida no sería tan sencilla. Para empezar, la tesis no era para mí una opción, dado que no soy muy bueno para documentar y seguir la metodología de la academia. Y aunque había intentado iniciar un proyecto meses antes para tener algún avance y ponerme a escribir pronto, entre que mi asesor andaba en su propia tesis de doctorado y que yo ya quería ganar dinero, pues le aposté al Ceneval. Solo que todo eso llevaría tiempo.

En fin, mandé CV como loco a cuanta vacante encontrara que pidiera poca experiencia, y pues no caía nada. Fue la primera vez que conocí el círculo: debes tener experiencia para que te contraten <–> necesitas que te contraten para tener experiencia. En ese momento, tras jugarle varios meses al emprendedor, surgió una esperanza en mí y en los amigos con quienes había iniciado ese viaje, así que nos autoconvencimos de que, emprendiendo, podríamos crear un imperio en nuestro querido estado de Oaxaca. Así que, con eso en mente, buscamos empleo en el estado allá por aquel 2015 (hace ya diez años al día que escribo estas líneas, bueno). En ese momento éramos 4 en el negocio: César, Gustavo, Carlos y yo. Llevábamos casi un año vendiendo componentes electrónicos. Para el momento de egresar de la carrera, Carlos y Gustavo vieron el panorama y prefirieron saltar del barco; para esos días, Rafael, Amaury e Iván, que seguían estudiando, se unieron al equipo.

En mi caso, aunque intenté conseguir trabajo como desarrollador de sistemas embebidos, aunque tuviera que irme de Oaxaca, no conseguí ni una sola entrevista, tanto porque no traía un background como por mi nivel tan bajo de inglés en esos días.

Y fue ahí donde aprendí una de mis primeras lecciones de vida que ahora me dedico a compartir con los demás: es más importante tener amigos, conocidos y contactos para conseguir un buen empleo que dejar que tu CV hable por ti; aunque, claro, en cuestiones de tecnología, los conocimientos y habilidades son necesarios también, pero no determinantes.

Cuando el sensei te llama

Erick era un amigo de parrandas de la universidad, muy buen tipo, desobligado, tramposo para ciertas cosas, mañoso para otras, un buen amigo, de las personas más leales que he conocido en la vida. Ya ni recuerdo por qué lo conocíamos como el sensei, pero un día me llamó: “Qué onda, Raziel, ya saliste de la carrera, ¿verdad? Hay una vacante en donde yo trabajo, we; si te interesa, me avisas y vemos qué pedo”.

Dado que llevaba ya unos tres o cuatro meses buscando y no conseguía nada, me emocioné con la noticia, y claro que le dije que sí.

Me entrevistaron como a las dos semanas de eso y me dijeron que empezaría en dos semanas más, por ahí entre agosto y octubre; ya ni siquiera recuerdo.

El puesto era de técnico de Redes en la Universidad del Mar, en el campus de Puerto Escondido, Oaxaca, era una Universidad pública, hermana de la gloriosa Universidad Tecnológica de la Mixteca, donde estudié, pensé que sería un buen lugar para trabajar y aprender además que sería vivir en la playita. En muchas cosas no me equivoqué, en otras… bueno, ya les contaré.

El primer día de trabajo

Llegó el esperado día, me tocó hacer el viaje de toda la noche de mi natal Ocotlán de Morelos a Puerto Ángel, para firmar contrato y luego moverme a Puerto Escondido para presentarme a trabajar. Todo bien el viaje, hacer la burocracia, dado que ya conocía el sistema en el que iba a trabajar se me hizo todo de lo más sencillo.

Así empezó mi vida laboral, cargado todas mis pertenencias a la espalda, todo cabía en una mochila, y con la emoción de vivir una nueva etapa en mi vida. Conseguí esa misma tarde un cuarto donde rentar y al siguiente día me presenté a trabajar.

Ese día conocí al buen Canseco, jefe del departamento de Redes que espero algún día se ponga a leer este blog y si no igual se le recuerda con afecto, no fue mi primer jefe pero si el que me enseñó un montón de “mañas” que sigo aplicando hoy en día.

Electrónico igual que yo, me recibió con la clásica del ex-utemita, ¿que sabes hacer? ¿que tan peligroso eres? y “tu fama te precede”. (Hay historias que no se pueden contar en este blog debido a que puede que me dispare solo en el pie en la búsqueda de un empleo, spoiler hice mis prácticas profesionales en otra universidad del SUNEO, en la nova universitas en mi natal Ocotlán de Morelos).

La UMAR

Espacio comercial

La Universidad el mar es tal como la Universidad Tecnológica de la Mixteca, parte del Sistema de Universidades Estatales de Oaxaca (SUNEO) el cual es un sistema de universidades públicas que se encuentran distribuidas por todo el estado, cada una con su propia identidad, pero con un mismo objetivo: ofrecer educación superior de calidad a los jóvenes oaxaqueños. La UMAR tiene tres campus, Huatulco, Puerto Angel y Puerto Escondido, este último es el que me tocó a mí trabajar, el cual estaba centrado en carreras relacionadas con la tierra como ellos le llaman, del tipo licenciatura en zootecnia, ingeniería forestal, licenciatura en informática, licenciatura en enfermería y demás. Como toda instutución pública, los recursos son limitados, también los sueldos y las oportunidades de crecimiento, lo cual al ser mi primer trabajo se compensaba porque me terminó gustando mucho el lugar, la convivencia con los compañeros, el ambiente, la playa y el hecho de generar ingresos estables por primera vez en mi vida. Además de lograr la completa independencia.

El trabajo

Mis actividades eran principalmente dar soporte y mantenimiento a la red de la universidad, lo que incluía configurar routers, formatear computadoras, instalar software, resolver problemas eléctricos y electrónicos de toda índole, reparar impresoras, estar al tanto del audio y vídeo en el auditorio y los eventos que se realizaban en la universidad, entre muchas otras cosas.

Entre las cosas que me dejaron mucho aprendizaje fueron el tomarme en serio la puntualidad y cumplir con un horario de trabajo, aprender a tratar con personas, esto me costó mucho porque en la universidad e incluso desde la preparatoria, yo había sido el “lobo solitario”, no socializaba mucho, no tenía muchos amigos y era fan de la soledad, así que tratar con personas, saber que tienen sentimientos y que ser amable, respetuoso y empático también son habilidades que se necesitan en la vida laboral e incluso personal.

También el Canseco me enseñó a negociar con los usuarios y a ir dosificando el trabajo y la información para que así no se nos exija cosas que no podíamos cumplir, y siempre tener un plan de contingencia.

Otra de las cosas buenas fue el desarrollar la necesaria confianza con tus compañeros y tu jefe, en este caso, no recuerdo sus palabras pero se sintió igual que cuando el Sargento Voigh le dice a sus subordinados en Chicago PD:

“This is Intelligence… my unit. You tell me the truth so I can lie for you. And if you ever try to go over my head, it will be the last head you ever go over.”

Que en spanish más o menos dice:

“Esto es Inteligencia. Mi escuadrón. Hacemos las cosas a mi manera… a nuestra manera. Dime la verdad para que yo pueda mentir por ti. Y si alguna vez intentas pasarme por encima, será la última cabeza que pases por encima.”

Casualmente, cuando he tenido gente a mi cargo, trato de darles la misma confianza; en fin, esas historias se contarán más adelante.

Estuve ahí poco más de dos años. Entre las cosas que me hicieron irme, fueron motivos sobre todo económicos: el sueldo era decente para la geografía donde estaba, pero no demasiado para lograr un futuro, para tener un ahorro y además no había mucho para escalar o crecer profesionalmente, sobre todo porque mi mente toda la vida ha sido muy inquieta. Por allá del 2015 imaginen sobrevivir con 7900 pesos al mes, teniendo en cuenta que la renta salía en 1200, y sacar para la comida, los servicios, algo de diversión, que por el horario no era mucha, y además ahorrar algo. Era una misión casi imposible, y eso que en esos días el sueldo mínimo en México era de 70 pesos. Pero una comida costaba 50 pesos si bien te iba por ser destino turístico, y teniendo en cuenta que la renta incluía un cuarto y un baño compartido, sin cocina, sin espacio para una parrilla, refrigerador o algo así. Bastante complicado el asunto.

La verdad es que me gustaba mucho el trabajo, me gustaba la universidad, me gustaba el ambiente, pero no era suficiente para mí. Entre lo que sí me gustaba era vivir cerca de la playa, aunque no era algo que me emocionara tanto, pero era un plus. Mejoré bastante mi inglés hablando con los turistas, hice un par de amigos australianos, me llevé chido con una gringa que anduvo haciendo su servicio en la universidad o algo así. Y además de eso en ese lugar le agarré el gusto a subir cerros en la bicicleta, hacía rutas de más de 20km a ratos, por chila, el salitre y aunque no llegué a las cascadas de la reforma, avanzaba lo más que podía en los recorridos que hacía en la zona. Por cosas de la vida fue en ese lugar donde conocí a mi actual novia, y próximamente esposa, aunque no nos hicimos novios hasta mucho tiempo después.

Siempre intento aprender cosas nuevas y retarme a mí mismo, cosas que se supone en una universidad serían el pan de cada día, pero la burocracia se encarga de tomar cualquier cosa y convertirla en una pesadilla. Entre esas cosas, la dificultad de “quedar bien con los usuarios”, “cumplir con procesos”, “no meterse en problemas”, etc.

Entre que mi economía no iba a crecer demasiado, además de que yo tenía otras ambiciones, sueños y planes, decidí que era momento de volar, y dejé la universidad para seguir con el emprendimiento que, spoiler again, no funcionó.

Anécdotas que contar

El soporte técnico

Puerto Escondido, Oaxaca, es un lugar en las costas del pacífico mexicano. El clima es caluroso, húmedo y lluvioso en la primavera y verano; como buen departamento de redes, el clima es uno de nuestros principales factores de riesgo, ya que el 40% de nuestras intervenciones eran problemas relacionados directa o indirectamente con la humedad, el calor o las tormentas.

-“Departamento de redes”. - “¿Pueden venir al cubículo 8 del edificio de Genética? Mi computadora no enciende”.

Así comenzaban muchas de nuestras intervenciones, el diagnóstico era casi siempre el mismo: Los pines en el conector de la memoria RAM estaban oxidados, impidiendo que la computadora pudiera arrancar. La solución, limpiar los pines con alcohol isopropílico, secar bien y listo.

En alguna ocasión me tocó atender a un usuario que se quejaba de no tener internet; al llegar a ver qué pasaba, con unos 20 minutos de retraso, debido a que, por cierto, las distancias eran largas (de alrededor de 500 m a 1 km entre edificios) y aparte tenía otras actividades que hacer, me encontré con que la profesora había desconectado el cable de ethernet cuando estiró los pies en un reflejo por pasar horas en la misma posición sobre una silla de oficina.

Un par de veces las desconexiones fueron causadas por la fauna; en una ocasión una iguana mordisqueó los cables de red entre dos edificios y hubo que sustituir el cableado, jalándolo desde el registro correspondiente.

Aquí aprendí también que puedes gastar muchos recursos en comprar un muy buen equipo de cómputo, pero si no lo proteges de las condiciones ambientales, al final la temperatura y la humedad son los enemigos a veces. Reparé fácilmente más de 3 laptops HP, a las cuales se les había despegado el chipset de video, y cada vez que las desarmaba y les aplicaba calor para hacer el “reflow” les acortaba la vida útil, pero era la única solución con las herramientas y recursos que teníamos.

La primera vez que vi cómo el tiempo de respuesta es tan importante fue en una tormenta. Como contexto, yo vivía a menos de 500 m de la universidad. Una noche me fui a comer unos tacos, si mal no recuerdo, al centro de la población y, estando ahí a unos 3 km de la universidad, comenzó una tormenta eléctrica con truenos y relámpagos. Salí corriendo a la universidad a desconectar los equipos; el problema fue que cuando llegué ya era demasiado tarde: una descarga había dañado un switch de red, de los principales. Al otro día me tocó mi primera llamada de atención laboral. Afortunadamente, el equipo se pudo reparar.

El equipo eléctrico y electrónico fallaba a menudo en las condiciones del lugar; entre estas cosas estaban los controladores de las lámparas LED de potencia, los cuales, debido a las variaciones de la red eléctrica, se tuvieron que sustituir por montones y además instalarles un supresor de picos para evitar que se siguieran dañando cada temporada de lluvias.

Dándolo todo

Una ocasión que me dejó marcado, física y mentalmente, fue cuando falló la comunicación con un laboratorio. Para mi mala suerte, era un sábado a las 2 de la tarde y me reportaron que el lugar se quedó sin internet. Al llegar y hacer unas pruebas me di cuenta de que la línea principal no estaba funcionando. Para hacer las reparaciones, tenía que levantar la tapa del registro de las conexiones eléctricas y de red, el cual era una losa de concreto de más de, calculo, 80 kg. En ese momento estaba solo; ni los compañeros de jardinería ni los de mantenimiento estaban trabajando a esa hora, así que tuve que levantar la tapa yo solo. Al principio todo bien: destapar el registro y trabajar fue sencillo. El problema fue al volver a colocar la tapa: no logré hacer palanca bien y en un mal movimiento la tapa se me resbaló; en un movimiento instintivo, por evitar que la losa cayera y rompiera la loseta del piso, la levanté en el aire sin cuidado, lo que provocó un pinzamiento de disco lumbar o algo así me dijeron esa tarde en el IMSS. En la clínica solo me dieron analgésicos y antiinflamatorios, no me dieron incapacidad, así que tuve que trabajar el domingo y lunes con un dolor insoportable. Mis días laborales eran de jueves a lunes, así que martes y miércoles seguí tirado en mi cama, sufriendo de dolor, que hasta el día de hoy, cuando dejo de ejercitarme o cuando hace frío intenso, me da un dolor agudo en la espalda baja, que inició ese día, por hacer mi trabajo, debido a la exigencia de una enfermera que quería que su laboratorio tuviera internet un sábado por la tarde.

En este trabajo me tocó trabajar casi con cualquier cosa que funcionara con electricidad; yo era encargado de hacer las reparaciones de equipo electrónico, eléctrico, de audio y video, de redes, de computadoras, impresoras, etc. Por mis manos pasaron las impresoras para su respectivo mantenimiento preventivo y correctivo, los switches de red, mantenimiento de los servidores (equipos de hasta 20 años de antigüedad), sistemas de aire acondicionado, iluminación, una cafetera, teléfonos celulares, proyectores que se usaban para las clases y demás. Muchas veces tuve que tomar 2 o 3 aparatos dañados y construir uno nuevo con las partes funcionales. Eso de trabajar en la Universidad pública, con recursos limitados, te obliga a ser ahorrador y muy creativo, a veces dejando la estética (y las reglas) de lado.

Recuerdo que en la bodega había una impresora, de esas de tóner que en su momento ofrecían como la novena maravilla del mundo; tenía como 6 años arrumbada en una oficina debido a que, aunque funcionaba, no le habían podido conseguir el tóner. Como ya me había hecho cierta fama de revivir muertos, me encargaron la misión de conseguir esos cartuchos, los cuales localicé en una tienda en línea. Leí referencias, investigué compatibilidad y todo parecía bien, así que me atreví a proceder con la compra. Para mi mala fortuna, el tóner que llegó no era compatible con la impresora.

La compra fue por una cantidad considerable: eran más de 10 000 pesos, que en el 2017 representaban una muy buena cantidad de dinero. Entonces, dado que el que cometió el error fui yo y tenía que asumir las consecuencias (me daban la oportunidad de descontarlo de mi nómina en partes), me tomé el asunto como reto personal. Investigando encontré en unos foros que había la forma de reprogramar los chips de los cartuchos y además limar unas muescas en el cartucho para encajar en la impresora. Pues bien, manos a la obra, pedí en Mercado Libre el programador, algo así como un convertidor serial a USB, pero no con voltajes TTL, y luego de descargar un software para flashear los chips, hice la prueba en un cartucho. El método funcionó y proseguí con los otros 3; la impresora volvió a ser funcional y yo solo tuve que sacrificar 350 pesos del programador.

Hope is a mistake

El canseco también era un cinéfilo y bibliófilo, en algún punto cuando estábamos platicando anécdotas de IT, de esas que se rifaba el wardog, mientras le dábamos servicio de mantenimiento a un plotter que tenía un laboratorio de ingeniería forestal le dije y ¿con qué vamos a probar esta cosa? A mi se me ocurre poner un poster que diga: “Lasciate ogne speranza, voi ch’intrate” — “Abandonad toda esperanza, vosotros los que entráis.” Porque como buen servicio de soporte técnico éramos uno de los departamentos más odiados de la universidad, dado que la gente piensa que uno tiene poderes sobrenaturales cuando se trata de tecnología.

El canseco se rió y me dijo “No we, el Vice se va a enojar, acuérdate que también es UTeMita” (en el SUNEO nos obligaban a leer mucho, y la verdad que el vicerrector es una persona bastante culta también) Entonces le dije, ya se we. Y recordé la película de Mad Max: Fury Road. Una de nuestras películas favoritas.

Entonces bajamos el poster y lo pusimos al fondo de la oficina, donde hasta donde yo sé aún sigue ahí.

Así, cada que alguien llegaba con su laptop, celular, tablet o impresora a pedir ayuda. Y preguntaban si tenía arreglo solo les decíamos: ¿Sabe usted inglés? ¿o le traduzco? señalando al poster del fondo.

La ciencia no está permitida para todos

Una de las cosas que me marcó y terminó decepcionándome fue que en cierto punto me limitaron el acceso al conocimiento, de la forma más inesperada. En mi caso, siempre me gustó trabajar con microcontroladores y hacer cosas de la nada; platicando de ello con un profesor de la universidad me di cuenta de que él estaba interesado en automatizar ciertos parámetros en su laboratorio, así que de una charla en la cafetería nació un proyecto que pintaba para escalar en algún artículo de investigación y, por qué no, algún producto que pudiera comercializarse al final. El proyecto consistía en leer las condiciones ambientales en el campo de trabajo y transmitir esos datos a un laboratorio para recrear esas mismas condiciones en un ambiente controlado. Me puse manos a la obra, fui a desempolvar mis viejos microcontroladores, sensores y demás componentes que tenía en mi casa, y me puse a trabajar en el proyecto. Como contexto, yo trabajaba los fines de semana, y dado que mis actividades prácticamente terminaban sábado al mediodía y el domingo solo iba a la oficina a ver series, documentales y películas, pues ya con el permiso de mi jefazo me puse a programar esos días.

Y así fue un mes o dos, pero cuando ya tenía algunos avances, nos llegó un oficio a la oficina, donde se me invitaba amablemente a no salir de mi línea de trabajo, dado que yo era un trabajador administrativo y no un académico, no tenía permitido interferir en la otra área.

Ya luego, investigando un poco, parece que el enemigo académico del profesor con quien yo colaboraba se había quejado por verme en el laboratorio de biología los domingos, ayudando a hacer investigación, con su competencia; y por el miedo de perder alguna beca o algo así, prefirió “denunciarme” a las autoridades académicas. Porque sí, en muchos casos, la ciencia no está permitida para todos, solo para los que tienen las credenciales.

Tuve que suspender mi proyecto, para que esa advertencia no pasara a acciones correctivas.

La renuncia

En algún punto de febrero de 2017 decidí que era momento de renunciar, ya que no me veía un futuro ahí. Para ese momento el negocio en que participaba con mis amigos estaba ya dejando buenos ingresos, además de que mis actividades habían crecido en cantidad, pero no así mi sueldo. Así que, con la intención de seguir creciendo profesionalmente y económicamente, decidí que era momento de volar.

Para esto, llegué un día con la representante de recursos humanos para ver si podía negociar un aumento de sueldo; de antemano yo sabía que no iba a ser factible, pero quería que quedara el registro en la infinita burocracia de la institución pública.

Y tal como lo esperaba, me dijeron que no era posible: los sueldos eran un número en un archivo de Excel, que no se podía modificar, y que si quería un aumento, tendría que esperar a que se abriera una vacante para un puesto de mayor nivel y ascender. Lo cual, dado que solo había dos puestos en el organigrama, sería causa perdida.

Mi respuesta fue: “Entonces no es posible que siga aquí”, y le contesté a la secretaria que esta sería mi última quincena.

Estuve un par de meses más en Puerto Escondido, para disfrutar la playa y el lugar unos días más, y me mudé a la ciudad de Oaxaca a intentar construir un imperio (nos mentíamos a nosotros mismos), pero solo fue ir a trabajar y trabajar sin descanso, con pocos resultados.

Esa historia tal vez nunca se cuente aquí debido a que en realidad no hay mucho que contar, un intento de emprendimiento que no funcionó.

En fin, aún tengo amigos en la Universidad del Mar a los cuales aprecio mucho y en alguna que otra ocasión paso a visitar de vez en cuando.