Historias Laborales IV. Dextra

En esta serie de artículos, comparto mis experiencias laborales a lo largo de los años. En esta ocasión, hablaré sobre mi tiempo en Dextra, una empresa de tecnología donde trabajé durante un período significativo de mi carrera.

La pandemia

Desde que se declaró la emergencia, fui recortado de CODE y regresé a Oaxaca. Pasaron varios meses para lograr conseguir un empleo; la situación económica del mundo era de pura incertidumbre y técnicamente no había vacantes para desarrollo de software embebido ni en general. Fueron meses sin ver algún anuncio de empleo en mi área.

Desde mayo hasta octubre buscaba vacantes y no encontraba nada. De cualquier manera, había ahorrado algo de dinero así que no me preocupaba tanto. Esos meses me sirvieron para reconectar con mi familia, a la cual llevaba ya un año sin convivir demasiado, y para recorrer el valle de Oaxaca en bicicleta, que siempre ayuda a despejar la mente.

A la par me la pasé jugando videojuegos con mi hermano Abner, que estaba en sus últimos cuatrimestres de la carrera. Y aproveché para desempolvar mis guías de estudio, por si caía alguna oportunidad de empleo.

En octubre comenzaron a publicarse algunas vacantes y volví a aplicar a todo lo que encontraba. Esta vez era diferente: ya traía la experiencia de CODE en el CV, lo que me abría más puertas.

Si mi memoria no falla, logré entrar a procesos con Bosch, Continental, Dextra Technologies, Honeywell y Capgemini, y en varias pasé más de una etapa.

Al final Dextra fue la primera que me ofreció una carta oferta y como en ese momento estaba necesitado de trabajo, acepté sin pensarlo mucho.

Me incorporé a Dextra un lunes 14 de Diciembre del 2020, como me habían informado, estaría de manera remota un tiempo, hasta que se pudiera regresar a la oficina. Y de mi parte estuvo bien el trato. Dado que intento ser transparente con mis experiencias y sueldos, puedo decir que mi sueldo de entrada fue de 3 veces el salario máximo que logré obtener en Oaxaca. Y era desarrollador junior aún.

El trabajo

A finales de enero de 2021 me enfermé de Covid, lo que me dejó dos semanas sin poder hacer nada. Le comenté inmediatamente el diagnóstico a mi manager, quien estuvo en todo momento en contacto conmigo para saber cómo se desarrollaba mi enfermedad y para brindarme apoyo si necesitaba tratamiento especializado o había alguna complicación.

Afortunadamente nadie en la familia necesitó hospitalización, aunque sí la pasamos muy mal: fiebre, dolor de cabeza, dolor muscular y pérdida del gusto y olfato. Aún recuerdo esas noches que parecían eternas, entre escalofríos y la sensación de que me faltaba el aire.

Después de recuperarme, me reincorporé al trabajo y fue entonces que me asignaron al CBC, uno de los tantos proyectos automotrices que traíamos en Dextra, computadora central de muchos vehículos de cierto consorcio de marcas gringas de coches. A la par que me dieron fecha para presentarme en Monterrey. El 28 de febrero.

Dextra era una consultora de software; como nos gustaba autodenominarnos: una casa de mercenarios rentados al mejor postor. El cliente al que yo estaba asignado era Continental, la misma empresa que me había rechazado como empleado regular años atrás. En aquel entonces mi inglés no era el más claro, mis calificaciones de egreso no fueron las mejores y me faltaba la experiencia que buscaban.

Platicando con mis compañeros después me enteré de que no fui el único en esa situación. El punto es que teníamos proyectos bastante pesados que realizábamos en conjunto con ingenieros de Continental y, en el caso del CBC, con Capgemini.

El CBC

Después de la semana de cuarentena por haber realizado un viaje, me presenté a la oficina de Dextra donde conocí a mi equipo de trabajo.

  • Giulio, el líder supremo, un jarocho descendiente de italianos, siempre con una sonrisa en la cara y dispuesto a subir cerros, ir al gym y cuando se necesitara ponerse a jalar; broma de repente era workaholic el amigo, y nos tocó servirle de escuderos para sacar el trabajo de forma rápida cuando se necesitaba. Él terminó uniéndose a las filas de Continental, donde aún permanece hasta la fecha.

  • Israel Barreras, un sinaloense de esos acelerados, con un gran sentido del humor y a quien llegué a hostigar con mis preguntas sobre el proyecto. He de admitir que soy un poco lento para comprender cosas nuevas, así que tuve que hacerlo trabajar horas extras para explicarme lo que necesitaba aprender. Cada que se descontrola, el número de cervezas que nos tomamos el buen Isra está presente.

  • Mario, un vato de allá de Sonora que sabía más cosas de anime que de la vida, muy buen ingeniero; el puñetas nos abandonó a la primera que pudo, pero qué buenas se pusieron las como 3 carnitas asadas que armó el Isra para despedirlo.
  • Joaquín, un personaje que será recurrente en estas historias supongo, un regio de esos que hacen carnita asada cada semana y mi guía espiritual en la senda de anorteñarme. Originalmente era parte del equipo de sistemas, pero pasó al lado de los desarrolladores más por necesidad que por decisión, y sería otro de esos amigos que hacen más por ti que algunos familiares. Nos tocó aprender desde 0 el proyecto, lo que nos hizo cultivar una gran amistad mientras nos ayudábamos a entender el código, los procesos, las herramientas y todo lo que necesitábamos para sacar el trabajo. Gracias a sus consejos de Joaquín, ahora traigo visa, me ayudó con su firma a rentar el lugar donde vivo actualmente y cada que ocupo una referencia puedo contar con él.

  • Había otro par de integrantes en el equipo que tampoco duraron mucho: Evaristo, un vato que se fue pronto a otra empresa, y un señor que nunca vimos en persona de nombre Gerardo, quien también se fue a otra empresa después de un tiempo.

Fue con ellos que aprendí a trabajar de lleno en el mundo automotriz, donde todos los features son para ayer, hay que hacer que todo funcione lo mejor posible y donde tocas código el 30% del tiempo; el resto es para documentación, pruebas, juntas, peleas con el cliente, peleas con sistemas, regañar testers, etc.

En el CBC me tocó trabajar en el desarrollo de features relacionados con la parte de diagnóstico del vehículo, lo que implicaba trabajar con protocolos como UDS, CAN, LIN, etc.

Además de eso, también me asignaron tareas relacionadas con la integración de software y la validación de los mismos en el vehículo. Fue un reto bastante grande, pero también una gran oportunidad para aprender y crecer como ingeniero de software embebido en el mundo automotriz.

En este proyecto fui creciendo en habilidades, experiencia y sueldo, al grado de que a finales de 2021 ya había subido significativamente mi salario y además me había ganado un par de bonos.

Del lado del cliente estaban muy contentos con mi desempeño; les había resuelto en tiempo y forma varios issues críticos que habían salido en el proyecto y no me pesaba dar el extra cuando se necesitaba implementar un cambio de último momento o resolver un bug que había salido en la validación.

Varios de mis compañeros se comenzaron a cambiar de empresa: mejores sueldos, trabajo 100% remoto, o simplemente algo más acorde a sus objetivos personales. De mi parte nada más veía crecer mis responsabilidades y aumentar mi sueldo, y para ese punto ya había desarrollado el expertise para cargarlo.

Al final solo nos quedamos Joaquín y yo como responsables, desde por ahí de noviembre del 2021 hasta el 2023, cuando el proyecto terminó para Dextra.

Ascendí bastante rápido a nivel de desarrollador middle, y aunque no me sentía tan seguro de mis habilidades, el equipo y el cliente confiaban en mi trabajo y eso me motivaba a seguir aprendiendo y mejorando cada día.

A inicios de 2022 ya me tocaba integrar los cambios de varios desarrolladores y liberar los releases. Solo éramos 2 de parte de Dextra; los demás eran de Capgemini y Continental, entre ellos varios recién egresados a quienes les di sus onboardings y les ayudé a entender el proyecto.

Entre mis pupilos estuvieron Luis Ángel, Elio, David y la comadre Hana, a quienes nunca conocí en persona porque ellos trabajaban en Guadalajara, a pesar de eso y como la pandemia nos dio la necesidad de trabajar de forma remota, los considero buenos amigos, sé que les está yendo muy bien en su vida laboral.

Sobre todo con Hana desarrollamos una buena amistad y de vez en cuando nos quejamos de nuestros jefes o las rachas de explotación laboral que vivimos. Ella es de esas que les gusta grabar podcasts de WhatsApp con detalles que da gusto escuchar.

Del lado de Dextra, junto con Joaquín tuvimos una etapa donde tuvimos que realizar varias debug sessions con el cliente de Continental, donde las discusiones se ponían bastante pesadas con quienes nos daban la capa de aplicación y cada uno intentaba imponer su voluntad sobre el otro.

En un issue de esos, me tocó aplacar a un desarrollador de modelos de Matlab, argumentando cómo su software incrementaba el CPU load del sistema casi al 100% por una variable no inicializada y una máquina de estados que se perdía.

Un par de semanas después mi manager me llamó para tener una conversación sobre mi desempeño; temí lo peor, pero para sorpresa mía me estaban promoviendo otro nivel. Así fue como pasé a ser “Software Engineer II”, a un escalón del seniority que hoy día aún no logro conseguir.

El proyecto del CBC terminó para Dextra a inicios del 2023, después de casi 3 años de trabajo intenso, donde aprendí muchísimo y tuve la oportunidad de trabajar con un gran equipo.

Ahí fue donde me transfirieron a otro proyecto, un módulo de luces y frenos para tráilers.

La compra de Dextra por Deloitte

Desde finales del 2021 supimos que había pláticas de Deloitte de hacerse con una parte de Dextra; al final fue una compra total que se consumó en 2022, lo que hizo que la empresa pasara por cambios significativos en su estructura y forma de trabajo.

En este cambio se implementaron nuevas políticas y procedimientos, lo que generó un éxodo de empleados. El primer detonante fue que nos retiraron (por un par de semanas) el seguro de gastos médicos menores y, aparte de eso, tuvimos que pagar una cuota por nuestro seguro de gastos médicos mayores; ese gesto le costó a Dextra al menos 6 desarrolladores de alto nivel y experiencia.

Otra de las cuestiones fue que nos quitaron los bonos de productividad, y hubo cierta amenaza de quitarnos la “prestación” de los ubers. Desde que me uní a Dextra, las idas a la oficina eran solo cuando fuera necesario, así que se podían permitir pagarnos el viaje de Uber. Con el cambio de empresa, al inicio se nos dijo que se nos retirarían los ubers; al final los dejaron pero con un monto máximo.

He de aclarar que cada cambio que se intentaba implementar le costaba uno o dos empleados a la compañía. Al final alinearon sus políticas y crearon algunos bonos, conservaron el seguro de gastos médicos menores y nos dieron el poderoso well-being, un bono para compra de equipo deportivo, pagar el gimnasio, comprar videojuegos y muchas otras cosas.

Abner

Mi hermano Abner es poco más de un lustro menor que yo, así que yo desperdiciaba mi tiempo en trabajos de redes, mantenimiento y emprendiendo, mientras él estudiaba la universidad.

Al egresar, en una charla junto con César le recomendamos que no se rindiera a la tentación de agarrar el primer empleo que le ofrecieran solo para obtener un sueldo, porque eso te marcaba para los futuros empleos que pudieras conseguir, y como él lo expresó, “Yo, sí le hago caso a los consejos de los que ya se chingaron”. Tardó casi un año después de egresar para conseguir su primer empleo. Pero valió la pena:

Unos meses después de egresar, lo convencí de mudarse a Monterrey conmigo, para que buscara de ser necesario de forma presencial un empleo dedicado a desarrollo de software. Como todo recién egresado, le costó varios meses y fracasos, siendo rechazado de Continental, Bosch, Castelec y varias otras empresas ubicadas en Querétaro, Guadalajara y Monterrey.

Al final tuvo éxito tanto en Auriz para irse a Guadalajara, como en Dextra para quedarse en Monterrey, lo que le permitió incluso negociar un muy buen salario de entrada, y con el tiempo ir creciendo en su carrera.

El problema fue que le cayó la maldición de los bomberos, siempre cae a proyectos en llamas: a cada nuevo equipo al que lo asignan, todo urge, todo es para ayer, y le tocó foguearse desde el inicio con un ramp-up de una semana y entrar a la acción con tareas de alta dificultad.

En Dextra estuvo asignado a un módulo controlador de puertas de vehículo, donde le tocó hasta realizar el cambio de un MCU físicamente en una tarjeta de desarrollo, con recursos limitados, y también era el encargado de automatizar las pruebas de ese módulo, lo que le dio una gran experiencia en el mundo automotriz.

Aquí vale la pena recordar a un par de amigos que yo conocí por mi hermano, Quique, Alexander y el Señor Doctor, profesor, investigador, candidato a SNI y senior embedded Tester QA Abraam Jasiel, quienes también formaban parte de Dextra.

Los colados

Quique era un Jalisciense que se vino a trabajar a Monterrey con la esperanza de regresar lo más pronto posible a su tierra, y lo logró aunque las pláticas se ponían buenas con él mientras estuvo aquí.

Alexander es otro chilango que llegó a Monterrey a buscarse la vida, egresado del Tec de Monterrey del Edo. Mex. Nos acompañó a varias salidas que dábamos en los alrededores y convivíamos con él en la oficina muy seguido. Maestro de las compras en línea y de las quejas con estilo.

Jasiel por su parte era un Jarocho que llegó a Dextra el mismo día que mi hermano, por ello se hicieron mejores amigos rápidamente, y nos frecuentaba en las carnitas asadas en nuestro depa, donde no soportó un aguachile estilo Oaxaca. Jeje, sé que va a estar leyendo este post, así que no perderé la oportunidad de decirle que se le extraña aunque debo reprocharle haberse ido de Monterrey tan pronto, solo porque “la gente le hablaba feo”: puñetas.

El módulo de luces y frenos

Antes de contar lo que viví en este proyecto, debo mencionar que Felipe se unió a Dextra en julio o agosto de 2021 y mi hermano consiguió empleo también en Dextra después de la compra por parte de Deloitte en febrero del 2022.

Felipe, de nuevo.

El amigo Felipe, después de tomarse unos meses de vacaciones, decidió conseguir trabajo sin importarle que fuera lejos de la CDMX, al principio se quejaba mucho de los grandes cambios que tuvo que vivir, sobre todo la cuestión climática, el cambio en la gastronomía y el hecho de que no pudo traerse a Zenaida con él.

Aquí entra una anécdota: desde que yo me uní a Dextra, lo contacté para invitarlo a que hiciera proceso de selección, dado que si yo hacía la recomendación de su perfil había un bono de referencia nada despreciable, con el cual había prometido que compraría un asador para empezar con mi proceso de obtener la ciudadanía regia.

Pues Felipe prefirió no avisarme que ya estaba buscando empleo; lo contactó atracción de talento primero y yo me quedé sin bono. Así que su carnita asada de bienvenida tuvo que ser en un asador hechizo que estaba en el balcón de mi departamento.

Cuando se unió a Dextra, lo asignaron al módulo de luces y frenos de tráiler, un proyecto que estaba en una etapa más temprana de desarrollo, y donde le tocó ser pupilo de David F., un ingeniero senior con ya varios años de experiencia que se encargaba de liderar el proyecto.

Pasa algo curioso en cuanto a nuestras aptitudes y las tareas que nos encargan desarrollar: desde que estuvimos en CODE ingeniería, por alguna razón que aún no logro comprender del todo, a mí me asignaban tareas de alta urgencia, con fechas de entrega ajustadas y que tienen un nivel de dificultad alto.

En el caso de Felipe, le han asignado siempre tareas que, si bien son de alta dificultad y requieren un buen nivel de conocimientos, las fechas de entrega para él siempre han sido más flexibles, así que siempre vivimos diferente la concepción de la vida laboral.

En mi caso, tuve que tomar responsabilidades del proyecto del CBC desde que llevaba solo unos cuantos meses, y estuve desplegando releases con tiempos cortos en poco tiempo, lo que me llevaba a tener que dar esfuerzo y horas extras para cumplir con mis tareas, aunque en el caso de Dextra, ese esfuerzo extra se veía recompensado en nuestras carteras, tiempo por tiempo y reconocimiento (y aun así nos quejábamos).

En el caso de Felipe, siempre ha logrado dosificar sus tareas de una mejor manera, permitiéndole muchas veces tener un poco más de tiempo libre para hacer otras actividades.

The suicide squad

Regresando a la historia principal: cuando me asignaron al mismo proyecto que Felipe, fue por decisión de nuestro cliente, quien por cierto me había propuesto para estar primero en otra computadora central. Luego de 3 días me informaron que me cambiarían mejor al módulo de radiofrecuencia del sistema de llaves; pedí permisos y nuevamente, de un día para otro me informaron que me asignarían al módulo de luces y frenos, donde ya estaba Felipe.

La razón fue, al parecer, que el cliente me estaba llevando a proyectos donde necesitaban a sus mejores desarrolladores. Fue ahí que nos unieron: del lado de Dextra, a Jesús Acosta (otro personaje que merece su propio artículo), a Erick, y a mí; del lado de Continental, a Iván (otro compañero que estuvo en el CBC y me dio mentorías en ciertos temas), León y Enrique. Cuando le conté al Chuy por qué me trajeron de un lado para otro, me dijo la frase icónica: “Por si no te has dado cuenta, Pineda (el manager del lado de Continental) te asignó al Suicide Squad”.

Le tocó a Felipe y a David darme la inducción al proyecto, similar en ciertas cosas al módulo del que venía; incluso Felipe comentó: “este proyecto se ve más organizado que el tuyo, se están implementando features nuevos, DTCs, mejoras en la documentación, va a estar tranquilo…”

Del dicho al hecho… me encomendaron la tarea de integrar nuevas bases de datos. Como comentario: este proyecto estaba basado en AUTOSAR y yo tenía 0 experiencia con sus herramientas y procesos, por lo cual estuvo bastante difícil encontrarle el hilo y desarrollar el trabajo. En este punto, Iván me dio el soporte para esa tarea desde el lado del sistema operativo, así como Carolina, actual líder de Hana hasta donde sé, quien también sabe mucho sobre cómo trabajar con las herramientas en cuestión.

Aquí fue donde conviví más con el equipo, quienes se volvieron también muy buenos amigos, Daniel, David Alatorre, David Fraustro, Luis Gallegos además de Felipe, Erick y el Chuy.

Como es costumbre, yo me quejaba en las juntas mensuales sobre lo que pasaba y logré negociar tiempos reales de entrega. Al final todo salió bien después de unas cuantas desveladas y usando la técnica de picar todos los botones hasta que lo que necesitaba funcionara.

En el proceso encontré cómo unas tareas del sistema operativo se estaban ejecutando en un orden diferente al que deberían, y procedí a reportarlo y corregirlo. Todo se veía bien hasta ese momento.

Los meses pasaron rápidamente y el proyecto avanzaba por ahí de octubre de 2023, me tocó afrontar una etapa difícil, debido a que en una visita a mi lugar de origen, Oaxaca, me tocó ser presa de un mosquito que me transmitió el dengue, lo que me dejó en reposo total un par de semanas. Heredándole mis tickets a Felipe, quien se encargó de sacar el trabajo a marchas forzadas, conociendo el sabor de ser un desarrollador del suicide squad.

Pausa de silencio

En este momento hago una pausa y pido un minuto de silencio para recordar a un par de amigos que en esa ola de dengue atípica se fueron de este mundo.

En Oaxaca, un amigo mío de la universidad llamado Falcon, ingeniero electrónico, falleció a causa de esta enfermedad. Falcon era un gran amigo con quien compartí muchos desvelos en el laboratorio de la universidad, así como muchas cervezas después de los exámenes finales.

Su partida fue un duro golpe para todos. Él terminó la carrera un año después que yo, se quedó como técnico de laboratorio en la misma universidad y a la par hacía proyectos freelance de software. Era quien sostenía a su mamá y a su hermana; su papá había fallecido años antes en su lugar de trabajo.

Falco, como buen habitante del sur del país, se comprometió con su trabajo hasta el final: cuentan los amigos que, aun estando mal de salud, siguió sin pedir incapacidad. El día que ya no pudo más fue cuando faltó, y cuentan con tristeza que esa tarde colapsó en su casa y el médico no alcanzó a llegar.

Por esas mismas fechas también falleció Karen, se especula que por la misma enfermedad. Ella era una tester del CBC con quien Joaquín y yo tuvimos varios roces, no porque fuera mala en su trabajo sino porque al llegar al proyecto nos levantaba muchos tickets por falta de contexto, lo que nos hacía trabajar horas extras para cazar fantasmas.

Al final la capacitamos lo mejor que pudimos y ella siguió en el proyecto cuando nosotros fuimos retirados. Karen era muy responsable y dedicada; cuando me tocaba hacer horas extras, siempre la veía conectada a altas horas de la noche.

La noticia de su fallecimiento nos llegó muchos meses después pero nos hizo reflexionar sobre lo frágil de la vida y lo importante que es descansar y anteponer nuestra salud por encima de cualquier trabajo.

A lo que quiero llegar con estas anécdotas es que mis amigos Falcon y Karen pareciera que le daban prioridad a su trabajo por encima de su propia salud.

De esto agradezco bastante a mis jefes en Dextra, dado que cuando un evento así se presentaba nos brindaban todo el apoyo para afrontar la situación sin mucho problema ni burocracia. Y yo soy la prueba de ello, ya que pasé por al menos tres situaciones así: el Covid, una operación maxilofacial y el dengue, y siempre me brindaron días de descanso sin necesidad de justificarlo ni hacer burocracia innecesaria, lo que me permitió recuperarme sin preocuparme por alguna sanción laboral.

El principio del fin

El proyecto de luces y frenos terminó por ahí de inicios de noviembre del 2023 y con él saltaron las primeras señales de alarma en el mundo automotriz, dado que muchas marcas grandes comenzaban a hacer despidos masivos; Continental anunciaba recortes y en Dextra hubo un recorte de personal. Los primeros en caer fueron los testers, sobre todo los que no usaban automatización.

Los desarrolladores quedamos en lo que se le llama “la banca”: sin proyecto asignado, tomando cursos y capacitaciones en lo que llegaba algo nuevo.

Por razones que los desarrolladores nunca conocimos del todo, nos dimos cuenta de que no había nuevos clientes, ni anuncios de proyectos importantes. Varios fuimos asignados a proyectos internos de la compañía, en un afán de los managers de mantenernos ocupados y fuera de las miras del siguiente recorte.

En esta etapa, Erick y yo fuimos asignados a uno de esos proyectos internos, donde trabajamos en el desarrollo de una plataforma demo para mostrar a los clientes potenciales las capacidades de Dextra en el desarrollo de software automotriz. Yo me encargué de un bootloader para dispositivos STM32 y Erick de la aplicación para flashearlo. Así mismo, mi hermano fue asignado a desarrollar la imagen del sistema operativo para esta nueva plataforma, a la par que estaba en un proyecto en producción con una empresa hermana que tenía sede en USA.

Todo lo bueno tiene que terminar

A finales de noviembre, llegó la fecha de la tradicional fiesta de fin de año, donde celebramos con comida, música y vino. Aunque a ese punto todos sabíamos que el futuro era incierto, disfrutamos el momento e hicimos mofa de nuestro inevitable destino.

Ese destino nos alcanzaría en febrero de 2024, cuando de un día para otro, todos los desarrolladores de sistemas embebidos que no teníamos un proyecto con algún gran cliente asignado fuimos “cepillados”, en nuestro agrio sentido del humor ya hacíamos mofa de esta situación desde meses atrás y muchos nos habíamos empezado a preparar para ese momento, ahorrando algo de dinero, buscando nuevas oportunidades y actualizando nuestros CVs. Poco nos imaginábamos que las consecuencias serían tan duras para muchos de nosotros.

¿Qué pensaron? ¿Qué no habría cuentos?

La Conti área.

Los que estábamos asignados a Continental teníamos un espacio de trabajo especial dentro de las oficinas de Dextra, la “Conti Area”, para los proyectos relacionados, donde teníamos acceso a herramientas y recursos específicos para trabajar en el desarrollo y pruebas de ese cliente en específico.

Aquí conocí a varios de mis amigos fuera del proyecto, ya que la comunidad era muy unida y cualquiera te aconsejaba sobre las dudas que tuvieras, tanto técnicas como de la vida en sí.

Como dice Daniel, todos los que trabajamos en Embedded Software, tenemos algún grado de autismo o algún problema mental, ninguna persona normal en su sano juicio logra mantenerse pegada a una computadora por horas lidiando con problemas que la mayoría de gente ni siquiera puede comprender.

En la Conti área había muchos personajes de todos colores y sabores, y eso que yo llegué en una etapa donde ya no convivimos el día a día físicamente o no siempre, pero aquí se vienen los cuentos a los que ya los acostumbré sobre cosas que pasaban en la vida laboral y fuera de ella.

Al mismo tiempo estábamos divididos en dos grandes bandos, los Developers y los Testers, rivales por naturaleza, aunque en la práctica nos llevábamos bien, sobre todo cuando había tacos en el comedor, y cuando había que unirse para echarle tierra a los del área de IT.

Minicuento

Hubo una temporada en que nuestras nuevas computadoras que nos dio Deloitte fallaban un montón; teníamos problemas con los periféricos, las actualizaciones del SO no nos dejaban trabajar y las teníamos en calidad de pisapapeles muy caros. En una de esas ocasiones a Joaquín y a mí nos dejaron de funcionar los puertos USB, lo que nos bloqueó para realizar nuestro trabajo, así que dimos con una solución, bien burda, al problema después de que IT no supo cómo ayudarnos.

El Sierra Madre

Pasado el primer mes de estar en Dextra, me tocó mi primera convivencia con el equipo, por órdenes de Giulio, nos fuimos a comer a un lugar icónico de Monterrey, el Sierra Madre, un bar de cerveza artesanal y comida rápida que es un icono de la ciudad que en Dextra era tradición visitar de vez en cuando, para aprovechar la lujito card.

Después de comer y beber a gusto, nos fuimos al depa de Giulio para decidir quiénes se iban a rifar las pruebas de integración del siguiente release jugando CATAN. Y entre Mario e Isra nos unimos para dejarlo a él fuera de la jugada. Aunque creo que nos alcoholizamos tanto que aun así nos ganó. jejeje.

También me tocó ir al Sierra Madre con el equipo de las puertas, donde estaba mi hermano, donde conviví mejor con el Master Raul, un paisano oaxaqueño que es la cúspide de la ingeniería de sistemas embebidos, Charly, nuestro amigo saltillense, un jarocho fresón que no recuerdo cómo se llama y sus adoptados Alexander y Mario Santos un tipo tranquilo y callado que por alguna razón que aún desconozco tiene una gran amistad con mi hermano y gracias a quien ahora mismo tengo empleo dado que fue quien mandó mi CV a TA de la empresa donde trabajamos actualmente.

Otros lugares que frecuentábamos eran La Fondita, un restaurante a unas cuadras de la oficina donde cada que no llevábamos lonche, nos íbamos a comer ahí, sobre todo con los compañeros de las puertas y uno que otro colado que llegara. El Yamasan, un restaurante de ramen que visitábamos cuando la carga de trabajo nos lo permitía. El tostadon y en alguna ocasión hasta nos fuimos por mariscos a sugerencia del Chuy que también todo lo sabe.

Las carnitas asadas

En una primera etapa esas eran en la casa del Isra, un departamento con una terraza que fue centro de reunión regular del CBC, donde se hablaba de todo menos de trabajo. Cuando Isra se fue con el Juan Venado, seguía organizando las carnitas con más gente por conocer y divertirse, hasta el fatídico día en que sus caseros le pidieron entregar ese departamento.

Aunque un par de veces se organizó la carnita en mi depa, siempre se recuerda con nostalgia la terraza del Isra.

Después se nos hizo costumbre a Abner, Felipe y a mí, ir a la casa de Daniel a la carnita asada, donde seguro nos amanece platicando de la vida, la tecnología, algún proyecto o cualquier cosa que salga al tema en el calor de las cheves y los tragos. Además, de las partidas de billar, que buena vida se armaba ahí en los tiempos en que ser desarrollador de software embebido era algo que se podía presumir con orgullo. (Todavía, pero siento que ya no pagan tan bien).

Los post mortem

Ese era el nombre de la reunión mensual que teníamos con el Delivery Manager del área de Conti, un espacio donde ibas a dar tus informes de lo que habías hecho, si algo te estaba costando trabajo y cómo no, para dar sugerencias de mejora.

Para la gran mayoría era un espacio para ir y decir que todo estaba bien, pero había unos cuantos personajes disruptivos.

Uno de esos era el Chuy, quien se encargaba de hacer sus comentarios acerca de Continental, los problemas que teníamos con sus ingenieros internos y los procesos que nos hacían la vida difícil. Y era uno de los que llevaba el mensaje de la comuna expresando que estábamos hartos de los cursos quita tiempo de nuestra empresa que muchas veces nos consumían hasta medio día de trabajo y no nos dejaban avanzar con nuestras tareas por las que Dextra sí cobraba.

También Joaquín daba sus informes y sugerencias, así como la información que conseguía de cosas que pasaban en el proyecto, como los problemas que tenían los testers, y recuerdo mucho la ocasión cuando nos pusimos de acuerdo para informar cómo nos hicieron trabajar a marchas forzadas para que nuestros colegas del lado del cliente pudieran recibir sus bonos de productividad.

Otro quejoso era yo, que siempre dejaba en claro el estatus de las altas cargas de trabajo y tiempos de entrega tan cortos. Así como mis discusiones con el cliente de nuestro cliente. Una temporada me tocó dar informes de mis múltiples intervenciones arreglando la infraestructura de redes de la Conti área, cuando los compañeros de IT rompieron todo cambiando la infraestructura de Dextra por la de Deloitte.

Con el tiempo Felipe también se fue desenvolviendo en ese espacio y también daba sus sugerencias y quejas disfrazadas de informes constructivos.

Pero el más contundente de todos era Earving (un nayarita de cepa, criado en Sinaloa), desarrollador senior en otra computadora central de conocida marca de autos gringa, quien se encargaba de dar las noticias agridulces y como él mismo expresaba, el heraldo de la muerte habla al final. Cada participación era un espectáculo porque te dabas cuenta de cómo le costaba autocensurarse lo más posible su vocabulario sinaloense.

Y con justa razón, su proyecto le exigía mucho trabajo, y su equipo al inicio flaqueaba debido a la inexperiencia de un par de sus integrantes, además de la actitud de algún otro. Siendo el cliente muy difícil de tratar y la complejidad del proyecto, hacían que todos los días fueran una batalla tras otra.

No fueron pocas las veces que expresaba su interés porque Joaquín y yo fuéramos transferidos a su proyecto, ya que hubo varias ocasiones en las que estábamos los 3 trabajando hasta altas horas de la noche para sacar cada quien su jale. Y así en plena madrugada, nos dábamos ideas de cómo estábamos atacando cada uno nuestros issues y dificultades.

Su carga solo fue aliviada una vez que contrataron a un compa llamado Santiago, que con sus más de 10 años de experiencia logró compartir la carga de trabajo y darle un respiro a Earving.

Abner con el tiempo también se desenvolvía en ese espacio, sobre todo pidiendo el material necesario para hacer su trabajo, y dando informes de las desveladas que Continental lo obligó a hacer para cumplir con sus tareas. Pasando de ser el que trataba de pasar desapercibido a ser uno de los que tenía su pliego petitorio y sus informes de situación laboral.

Hasta Jasiel algunas veces se animaba a solicitar información sobre la salud de la empresa y el estatus de los proyectos.

Los viernes de Tacos

Dextra tenía una tradición: cada viernes fin de mes, se servían tacos de la Cima en el comedor para el almuerzo, así que era común que los equipos fuéramos a comer y convivir juntos esos días.

Además también en fechas conmemorativas daban rosca de reyes, pastel de cumpleaños, tamales de la candelaria, etc. Incluso por una queja del amigo Alexander, en varias ocasiones se sirvieron chilaquiles, tacos de guisado y hasta un desayuno gourmet con jugo de naranja y café con meseros incluidos.

Cada que eso pasaba ya sabíamos que el día duraría un par de horas laborales menos y seguramente un par de horas de cerveza, salida a los mariscos, al ramen, al sushi, a la fondita, al Sierra o el plan que se armara para celebrar. Fueron buenos tiempos.

Las fiestas de fin de año

En mi caso me tocaron un par, que fueron memorables; para comenzar, fueron en San Pedro, una en un Salón en Punto Valle y la otra en un golf. La verdad es que el evento era magno, la comida era buena y en gran cantidad, barra libre, música, regalos, y sobre todo la convivencia. En la última fiesta de fin de año, aún con la incertidumbre de lo que se venía, nos la pasamos muy bien; hasta el grito en la foto del recuerdo fue: “viva la banca”, en alusión a que todos estábamos sin proyecto productivo y esperando un nuevo cliente.

Para terminar

Dextra me vio crecer como ingeniero, desde el Jr que apenas viene a aprender hasta casi tener el nivel senior; dato curioso: me estaban por ascender en julio de ese 2024, si las cosas hubieran sido diferentes.

En Dextra aprendí a trabajar en el mundo automotriz, a lidiar con clientes difíciles, a manejar la presión de los tiempos de entrega y a desarrollar habilidades técnicas y blandas que me han servido para crecer en mi carrera. Además, tuve la oportunidad de trabajar con un gran equipo de personas, con quienes compartí momentos inolvidables tanto dentro como fuera del trabajo. Aunque el final de mi etapa en Dextra no fue el que esperaba, fue bueno mientras duró y me llevo la experiencia de trabajar en un lugar donde se valoraba el esfuerzo y se reconocía el trabajo bien hecho.

Me llevo también las amistades que hice ahí, con quienes sigo en contacto y siempre están dispuestos a tender la mano cuando se necesita.

Porque como platicamos con varios amigos de los aquí mencionados, los mercenarios del software le tenemos lealtad a nuestros compañeros de batalla, no a una empresa, para la cual somos un ID en una base de datos. Que aunque te dé todo lo que Dextra nos daba, al final del día cuando toca recortar personal, la decisión se toma fríamente basada en una hoja de cálculo, sin importar el esfuerzo, la dedicación o el compromiso que hayas demostrado a lo largo de tu servicio.

Notas al pie

  • Si notan que este artículo no tiene las mismas vibras que los anteriores, es porque siento que maduré mucho en esta etapa, me dediqué a aprender y crecer como ingeniero antes que a los desastres que pude haber hecho en etapas pasadas.
  • Quiero agregar que la actitud que tenía desde que trabajé en la UMAR y la Caseta de cobro, de quejarme de las cosas que considero injustas y pedir remuneración y trato digno por el esfuerzo realizado, para mí y mis compañeros no ha cambiado. Sin embargo, dependiendo de la geografía, cambia la percepción de esas actitudes.
  • Mientras que en Oaxaca, ser proactivo, hacer las cosas con calidad y pedir las herramientas y recursos adecuados era señalado y castigado, aquí en Nuevo León, las mismas aptitudes son recompensadas, valoradas y reconocidas. En la caseta, cuando los altos rangos se dieron cuenta de mis capacidades, procedieron a ponerme freno para no aparentar que tuviera más capacidad que mi superior, mientras que en Dextra, mis jefes me alentaban a seguir creciendo y me daban las herramientas para hacerlo.