Cómo saltar a sistemas embebidos
Una vez fuera de la caseta de cobro, y ya con un poco más de nivel en el inglés y programación, me dediqué desde finales de diciembre a prepararme para conseguir un empleo ya enfocado en los sistemas embebidos. Solo pasé un par de semanas con mi familia en las fiestas navideñas y luego me puse a estudiar y practicar para conseguir ese empleo soñado.
Para ese punto el emprendimiento ya había fracasado casi por completo y ya con los amigos estábamos solo sobreviviendo. Aquí es donde tengo que introducir a César, un amigo que conocí desde la universidad y con el cual ya habíamos vivido varias aventuras, viajes en bicicleta, y teníamos planes similares hasta ese entonces, así que nos pusimos manos a la obra para conseguir saltar a sistemas embebidos.
César también estuvo trabajando en el mismo emprendimiento, y al final nos rendimos. Él trabajó en soporte técnico en una empresa de mantenimiento de equipos de hospital, donde se encargaba de que las máquinas de diálisis estuvieran funcionando en diversos hospitales del estado de Oaxaca.
Sus historias de guerra también son interesantes, sobre todo el cómo manejar el trato hacia las enfermeras del IMSS, que son un poco complicadas, por así decirlo.
En fin, nos pusimos un objetivo claro: saltar a desarrollo de sistemas embebidos; mientras tanto hacíamos trabajos de instalación de paneles solares y mantenimiento de computadoras para sobrevivir.
Debido a que no teníamos experiencia en sistemas embebidos, el plan que armamos fue hacer un pequeño portafolio con proyectos para saber qué responder en las entrevistas cuando nos preguntaran sobre experiencia. El segundo paso fue realizar un curso en línea para lograr un certificado que nos amparara, después de buscar varias opciones nos decidimos por el de Embedded Systems de la Texas University, el cual impartía por medio de EdX el doctor Jonathan Valvano, un experto en sistemas embebidos con una gran trayectoria.
Y le pusimos manos a la obra, el curso, que era bastante completo, logramos terminarlo en un par de meses, por ahí de febrero ya teníamos el certificado y habíamos aprendido bastante sobre programación de microcontroladores de 32 bits.
Como comentario, ambos fuimos muy buenos para el desarrollo de software con lenguaje C en nuestra etapa universitaria, pero en ese entonces no teníamos mucho contexto de cómo hacer proyectos viables y con enfoque en la industria, solo robots de competencia simples y las prácticas escolares.
Aplicamos a toda oferta de empleo que encontrábamos, tanto para niveles entry, Jr e incluso middle, que para ese entonces, con el certificado resaltado en nuestro CV, comenzamos a recibir las primeras respuestas, esto a partir del mes de febrero. Y fallamos, una y otra y otra vez.
En las entrevistas técnicas fallábamos debido a que, como mencioné en el primer artículo, necesitas experiencia para conseguir empleo, pero necesitas un empleo para tener experiencia. Y nuestras prácticas profesionales tenían ya dos o tres años, por tanto era difícil que nos contaran de algo.
De esta etapa, por cierto, sale el cuestionario de preguntas técnicas que está en este blog. El cual es un resumen de cada una de esas entrevistas que tuvimos y fallamos una y otra vez. De las empresas que en su momento nos desecharon fueron: Bosch, Continental, General Electric, Alten, Capgemini, entre otras. En un par pedimos retroalimentación y la falta de experiencia era la que nos dejaba fuera, casi siempre.
Al final una empresa nos prestó atención, en lo profundo de OCC estaba publicada la vacante de JR Embedded Software Engineer. Sus filtros estuvieron pesados: una encuesta cronometrada, examen psicométrico, una entrevista técnica que sí estuvo algo complicada y finalmente un día le llamaron a César, esto por el mes de abril, para decirle que había sido seleccionado para el puesto, y que se incorporara a la empresa. Él puso como fecha de entrada a finales de abril si mal no recuerdo.
Yo por mi parte pensé que no sería seleccionado, pero con sorpresa me llamaron también a mí, y en mi caso puse como fecha de entrada el 13 de mayo. Lo recuerdo bien, porque al final rentamos en el mismo departamento y yo llegué a Ciudad de México el 10 de mayo, salí en la madrugada de un día anterior y me tocó ver la ciudad vacía por la mañana. Debido a que era una fecha de poca actividad, no había mucho tráfico y el viaje fue tranquilo.
CODE Ingeniería
CODE Ingeniería era una startup, que se dedicaba al desarrollo de software tanto web, IA (sí, desde el 2018) y sistemas embebidos, con clientes en diversos sectores, algunos de ellos bastante grandes, en el caso del departamento de embebidos éramos una consultora asociada a NXP, el desarrollador de semiconductores, nuestro trabajo era resolver tickets del soporte técnico de NXP, trabajábamos con sistemas Linux usando Yocto Project y Android, sobre todo con las plataformas en ese momento experimentales de NXP, las iMX6, iMX7 y iMX8.
El primer día me presenté a la oficina, un lugar en Santa Fe en el cual conocí a varios de mis mejores amigos, recuerdo que me dieron mi laptop, me presentaron con todos y me asignaron mi lugar, un escritorio al lado de Felipe, a quien ya he mencionado anteriormente en mis artículos.
El departamento de sistemas embebidos
El área de sistemas embebidos en CODE era bastante singular y curiosamente agrupaba personas con el mismo perfil, todos ingenieros jóvenes, con relativamente poca experiencia, salvo unos cuantos con más tiempo en el negocio y el ambiente era muy, y nótese el énfasis, pero muy cooperativo. Podías preguntar sin pena a cualquiera del equipo y se tomaría el tiempo para explicarte lo que necesitaras.
Algo que para mí en lo personal, después de andar en servicio técnico, no existía: esa confianza y nivel de compañerismo. Estábamos “divididos” en dos áreas: Hardware y Software, lo sorprendente era el nivel de habilidades de cada uno. Justo en esas fechas en Hardware había entrado junto con César un amigo llamado Oscar, quien ya tenía varios años de experiencia y fue uno de nuestros mentores en el área, además de que también era una máquina acumuladora de conocimientos inútiles a la población civil, pero entre puro ñoño sus datos diarios eran dopamina pura.
Cabe hacer mención de un poco de la historia que yo conozco de CODE: como dije, era una startup, la cual hasta donde tengo conocimiento fue fundada por su CEO, un señor doctor, profesor, investigador, docente, playboy, genio y mamado llamado Alfredo. Según entiendo terminó su doctorado en sus 20s o antes y, en algún punto, fundó su consultora de SW, que derivó en CODE; a la par daba clases de ingeniería en una universidad privada de la CDMX, donde con el tiempo reclutó a algunos de sus mejores alumnos para hacer crecer su imperio.
Uno de estos alumnos superdotados era Ricardo, quien siempre nos sorprendía dado que podrías preguntarle cualquier cosa y te podría guiar en el camino a resolver el problema que tuvieras. Y cuando argumentaba siempre lo hacía con toda la seguridad y razón del mundo, lo cual impresionaba a todos.
José era líder del área de sistemas embebidos, tanto de hardware como software, sabía mucho de todo, como líder algo exigente pero justo. El hecho de que en ese punto se dedicara más al management no le quitaba que venía con un compilador integrado en el ojo, me ayudó varias veces a ver problemas en los que llevaba ya un buen rato atorado.
En el equipo de software nuestro líder era un ingeniero llamado Andoni, arquitecto de software que se consideraba un ejército de un solo hombre, muy buen líder, con gran conocimiento técnico, solo algo retraído, pero entre ingenieros lo normal.
La segunda en la cadena de conocimientos era Ivonne, ingeniera por el Politécnico y “superviviente” de trabajar bastante tiempo en Ericsson, otro de los pilares del departamento de embebidos, cuando un ticket no salía, ibas con Ivonne a pedirle ayuda.
Entre los desarrolladores de Embedded estábamos Lys, Eduardo (Lalo), Esteban, Bruno, César, Felipe, Lukas y yo, si es que no me olvido de alguien.
Entre los proyectos que traíamos, estaban el sistema operativo, drivers y aplicaciones para una tablet que se usaría en control de domótica para una empresa de automatización del hogar, también traíamos el desarrollo de una tarjeta de uso general que se desarrolló desde el hardware como plataforma para la creación de nuevos dispositivos de nuestro cliente, otro proyecto que recuerdo era un sistema controlador de equipo médico, si la memoria no me falla tenía que ver con una de esas cámaras de fibra óptica, y en mi caso me tocó inmiscuirme en la creación del sistema operativo para un tablero de algún vehículo de la Fiat. También me tocó darle soporte a algún proyecto de tractores agrícolas y a una plataforma que estaba desarrollando un sistema de multimedia para uso automotriz.
En la cuestión técnica, aunque sí hay mucho que contar, todo se puede resumir a que desarrollábamos software en la capa de bajo nivel, como lo son drivers, manejo de recursos y las configuraciones iniciales del sistema operativo, casi siempre Linux creado con Yocto.
El sueldo estaba decente, como ingeniero Jr. yo ganaba un poco más del doble de las nóminas que logré conseguir en el pasado, lo cual era ya una gran mejora.
The embedded Labs
En CODE, si mal no recuerdo, por iniciativa de José y Andoni el concepto era simple, pero no lo he visto en posteriores empleos. Se trataba de una reunión mensual de incluso mas de dos horas donde a grandes rasgos presentábamos el más grande reto al que nos enfrentamos en el mes, o en su defecto en el proyecto. Explicando brevemente cómo abordamos el problema, las soluciones que se nos ocurrieron y el camino de fracasos que nos llevaron al éxito.
Esto era con la finalidad de que si en el futuro alguien del equipo se enfrentaba a un problema similar pudiera pedir documentación, herramientas y soporte para resolverlo.
Y vaya que fue efectivo. Sacrificar dos horas al mes hizo que el equipo pudiera ser más eficiente en un nivel que no se hubiera logrado sin esta iniciativa.
En mi posterior empleo hice la propuesta, pero no se logró implementar dado que los tiempos eran muy cortos y también el ambiente un tanto menos cooperativo. En lo personal me sirvió mucho ya que fue donde comencé a tomar nota de los retos que me pasaban y aprendí a documentar mis proyectos, resaltando más los problemas que se presentan para llevar una solución.
De las presentaciones más memorables fueron:
- Andoni presentó el reto de manejar el orden de arranque de los múltiples microprocesadores y microcontroladores en un sistema i.MX8, el cual lleva firmware de seguridad, calibración de memoria, un microcontrolador que sirve de manager entre los múltiples periféricos y los microprocesadores.
- La presentación del buen Ricardo, que se enfrentaba a problemas para hacer funcionar una terminal de cobro, y en sus tests para estresar el sistema se le ocurrió correr un gif de Mario Bros, en la pantalla de la terminal, usando puro y duro lenguaje C++.
- El día que Lalo presentó sus temas nos dimos cuenta de que el chavo, aunque tenía facha de asaltante de camión, podría enseñarle a niños en la secundaria a programar en niveles avanzados, debido a que su forma de explicar fue muy divertida y clara, nos enseñó cómo se deben hacer diapositivas combinando el humor con la información técnica.
- No recuerdo quién presentó el reto de trabajar con Android, pero lo que se me quedó grabado fue que si buscas documentación en chino y la metes al traductor de Google, puedes avanzar más rápido que buscando temas en inglés directamente.
Las sesiones tenían tanto éxito que varias veces Alfredo se daba el tiempo de visitarnos para ver cómo iban los temas, y decidió que esas reuniones se expandirían a los demás departamentos de la empresa.
Anécdotas de ¿Guerra?
En CODE hubo varios eventos canónicos para muchos de sus miembros, curiosamente no muchos relacionados con el trabajo, me refiero a que la parte laboral funcionaba bastante bien, y no hay demasiado que contar como en mis empleos anteriores, en este caso las cosas que pasaban fuera de la oficina, o en tiempos de la comida, vamos, no laborales, son los que se quedaron en la memoria y conciencia de quienes vivimos esa etapa.
Felipe
Aunque hace algún tiempo tomando unas cervezas Felipe confesó que en los primeros días yo le caía mal, según él porque “le hablé con demasiada confianza ya que los plebeyos no podían dirigirse a la nobleza con naturalidad sin ganarse primero su aprobación”, desde mi perspectiva la razón fue que me sentaron a su lado y yo siempre me he caracterizado por conseguir información para desempeñar mis funciones de quien tenga disponible y el más cercano fue él.
Como sea Felipe es todo un personaje, ingeniero mecatrónico por el ITAM (sí, aquel instituto que el vulgo asocia con un nido de alimañas neoliberales que se reparten el poder en el país), al momento que yo entré en CODE él ya llevaba varios meses trabajando ahí y se había ganado la confianza de los demás debido a que aunque era un pinche JR igual que yo, traía sólidos conocimientos en los sistemas embebidos y su carácter bastante divertido y relajado lo hacían un buen compañero de trabajo.
Aparte de eso era el encargado autoasignado de llevar el orden del día a la hora de la comida, él ponía los temas a discutir en el comedor y se encargaba de que todos participaran.
Y para nuestra suerte, mi primer ticket fue echar a andar un touchpad en una plataforma de desarrollo de NXP y curiosamente era continuación de un ticket que inició Felipe, así que me tocó trabajar con él en ese proyecto y así fue como nos hicimos amigos.
Cabe resaltar que una de las grandes anécdotas comunes era que varios compañeros éramos foráneos, o vivíamos fuera de la protección de nuestros padres, Felipe era la excepción, él vivía con sus padres y llevaba comidas preparadas por Zenaida, la señora que trabaja para la familia realizando las tareas del hogar. Una de las primeras veces que junto con César nos dimos cuenta de esto, Felipe se volvió el blanco de nuestras bromas, debido a que nos encantaba contrastar nuestro plato de chilaquiles con una milanesa comprada a dos cuadras de la oficina servida en su plato de poliestireno (unicel) y los medallones en salsa de ciruela que llevaba nuestro burgués amigo.
Arturo
Arturo era otro personaje, ingeniero de software de alto nivel, mejor amigo y compañero de Felipe, pero se le ocurrió descuidarlo, jeje. Nos hicimos buenos amigos en el comedor cuando entre los dos nos encargábamos de llevarle la contraria a Felipe, y además éramos fans de ir por un tarro de cervezas y una hamburguesa o la promo disponible en las tardes-noches en el Mc. Carthys cerca de la oficina, pero Felipe prefería irse a bailar al Mama Rumba en lugar de acompañarnos.
Lalo
El chingado Lalo era otro rollo, venía de Coacalco, y sí se notaba en el estilo de sus outfits, aunque de repente era algo tímido e ingenuo, lo más divertido era su capacidad para meterse en problemas sin darse cuenta. Varias veces fuimos por los pulques y las chelas al centro de la ciudad, a los tacos, y a los bares cerca de la oficina. Por alguna razón hacíamos buen equipo para meternos en problemas y para salir de ellos, era divertido ver cómo la gente se hacía a un lado cuando pasábamos por la calle y si había algún malandro operando también la pensaba dos veces para intentar acercarse.
Oscar y Aaron
Oscar era el Senior Hardware Engineer, y Aaron era su junior asignado, de hecho la anécdota que tengo con ellos es que cuando Aaron fue contratado, Oscar lo adoptó en el momento, y un par de días después ya iban a comprar comida juntos, en una de esas Felipe, que no dejaba que pasara evento en el comedor sin su consentimiento, se dio cuenta de esto y se le ocurrió hacer el reclamo de que cuando él entró a trabajar nadie lo recibió con tanta calidez, y paternidad. A lo cual los presentes nos dedicamos a recordarle que él mismo se había encargado de no ser sociable y proyectar la imagen de “mamón” y de pocos amigos hasta que Arturo lo adoptó.
Lukas
Lukas es todo un personaje, para empezar es un alemán que se vino a vivir el sueño mexicano, había recorrido más el país que cualquiera de nosotros y además sabía de cultura y comida mexicana más que muchos mexicanos. Gran compañero de trabajo, su español aún tenía el acento alemán muy marcado, pero cada que hablaba encendía el debate y la conversación. Le decíamos el “Güero” por la forma en que los guardias de seguridad se referían a él, ciclista de corazón con el que me tocó ir a recorrer en bicicleta varios lugares de la ciudad.
Las salidas a los tacos
El horario en CODE era muy flexible, una ventaja total en un lugar como CDMX, donde el tráfico y el tiempo de traslado son un gran problema. Uno de los momentos que más se recuerdan con añoranza son las salidas a los tacos “El Vaquero”, estos están en la glorieta de Televisa, a unos 10 min de la oficina, fuimos a dar allí porque eran paso obligado del buen Lukas y un día en el comedor se le ocurrió proponer ir a comer ahí.
La primera vez que fuimos éramos casi todos los del departamento de embebidos con Arturo de colado, y salió tan bien que se comenzó a hacer una especie de ritual mensual, donde destinábamos un día para ir a comer ahí. Y cada vez se nos unía más gente del equipo de Arturo, además de Rebeca, la chica de recepción, Claudia, que estaba en ventas, y algunos testers.
En algún punto los dueños del lugar ya nos reconocían y comenzaron a pasar los shots de tequila de cortesía, además de que nos tomábamos la libertad de pedir un par de cervezas para acompañar la comida, lo que casi termina en desastre en varias ocasiones.
En ese mismo tipo de salidas Lalo, si mal no recuerdo, nos llevó a las Carnitas del Tec (un campus del ITESM) que también nos quedaba cerca.
Ya cuando las cosas se ponían más fresas, nos íbamos a comer al centro comercial o algún negocio no callejero.
Sección no apta para TA
Pasado el tiempo ya éramos un grupo numeroso de amigos y no solo compañeros de trabajo, en estos relatos por lo general me limito a contar las cosas en las que yo soy partícipe, pero hay varias anécdotas donde yo no estuve presente, pero son bastante relevantes como para dejarlas atrás, por cierto sé que me llevaré un reclamo si no introduzco a los personajes dado que todos somos bien dramáticos, así que aquí va el resumen del resumen de la banda.
Aparte de los mencionados antes, creo que debemos ahondar un poco con Claudia (Clau para los cuates), quien se metió en el grupo en un papel de consejera y guía moral y espiritual del grupo, no diré su edad porque ni la recuerdo, pero ya había vivido al menos una década y media más que el promedio, así que en el comedor nos daba puntos de vista distintos a los que cualquiera siquiera pudiera pensar. Rebeca era la chica de recepción, Felipe la molestaba porque era ella la que trabajaba para tener algo que hacer y no ser una ama de casa encerrada en su casa. Norteña originaria de Navojoa, con un acento que nos hacía solicitar traducción algunas veces.
Regresando al título, hay una anécdota bien divertida de cuando un día de tantos, Rebeca y otro compañero de marketing venían caminando en la avenida cuando resultó que escucharon que alguien corría detrás de ellos para alcanzarlos; al ver de reojo, resultó que un tipo con pinta de asaltante les movía las manos en señal de que se detuvieran. Eso activó las alarmas, dado que faltaba casi medio kilometro cuesta arriba para llegar a la oficina. Inevitablemente el sujeto los alcanzó (jadeando también por el esfuerzo). A lo que Rebe y el otro vato, muertos de miedo, sacaron sus teléfonos pensando: “ya ni modo”. Cuando el tipo, en lugar de tomar los celulares y darse a la fuga, les dice respirando con dificultad también pero con toda familiaridad: “¿Por qué no me esperaron? Ven que la combi me deja hasta el semáforo…”. Resulta que era el buen Lalo, quien al ver a sus amiguitos corrió para tener compañía en el camino.
En el pasado César y yo recorríamos grandes distancias en bicicleta en el estado de Oaxaca y en cuanto pudimos, nos hicimos cada quien de una bicicleta en la Ciudad de México, que usábamos como medio de transporte para ir a trabajar, por el mandado o simplemente para a pasear por la ciudad.
Entonces dejábamos nuestras bicicletas amarradas a un poste en la calle, a lo que César descubrió que Lukas metía la bici en el estacionamiento de la oficina, cuando le preguntó al guardia de seguridad si él podía hacer lo mismo, el guardia le dijo que preguntaría con sus superiores porque “Solo el Güero puede meter su bici al estacionamiento”, a lo que César llegó con la historia al comedor ese día y se armó el debate de los derechos de los Güeros.
De policías y ¿borrachos?
Aquí vienen unas anécdotas de las que seguro no nos sentimos orgullosos pero, bueno ya que estamos en el tema.
En algún punto llegaron a la oficina un par de sujetos de Guanajuato; bueno, uno de ellos venía de Colombia, pero estudió en Guanajuato y ya tenía todos los modos. Ellos eran Jonathan y Fabián, ambos ingenieros de software, expertos en Python, Git y sabe cuántas cosas más, aunque bastante retraídos, sobre todo el colombiano; Jonathan era muy pero muy sociable, aunque se autosaboteaba de vez en cuando.
En fin, yo solía los fines de semana ir a sonsacar a Jonathan para recorrer las pulquerías y pubs del centro de la ciudad; al final regresábamos en metro hasta Tacubaya y la misma ruta de camión nos dejaba en la casa de cada quien.
Así que en uno de esos viajes, en una redada nos agarró la policía consumiendo pulque en la calle enfrente de Las Duelistas, lo que nos hizo candidatos a llegar al Torito un fin de semana. Cuando nos dimos cuenta de que todos a nuestro alrededor estaban juntando sus monedas para no terminar en la patrulla, comprendimos la dinámica y los usos y costumbres de la ciudad, pero para nuestra mala suerte no teníamos cambio, así que ese día nos tocó pagar el mordisco con uno de los Benitos recién aburguesados.
Hay que tener ese antecedente para comprender la siguiente fase: en una de esas salidas, dado que había sido el cumpleaños de Rebe a finales de año (después de una posada que, por cierto, terminó en anécdotas que de plano no contaré aquí), fuimos a una Casa de Toño media oficina. Cabe señalar que esos días todos teníamos proyectos muy pesados y estresantes, así que fuimos a la comida y nos tomamos a lo mucho dos cervezas; en mi caso solo una y un agua de jamaica.
Operación aguinaldo
La cuestión es que, con toda la intención de regresar a la oficina temprano a terminar el trabajo pendiente, apenas terminamos de comer dimos las gracias; César, Fabián, Jonathan, Lalo y yo pagamos la cuenta y nos fuimos con todo el afán de ser las máquinas de chambear que éramos. Pero al salir, esperando el Uber, había un Oxxo, y Lalo, con Fabián y Jonathan, tuvieron la brillante idea de comprar un six de cervezas para la hora de la salida.
A nadie se le hizo raro, dado que son cosas que ya habían hecho antes. Subimos al Uber y, dado que andábamos en Santa Fe, donde cruzar en auto una avenida a las 3 de la tarde puede tardar hasta 40 minutos, preferimos bajarnos y cruzar la calle caminando. Error, error garrafal: porque aunque Jonathan y Fabián llevaban las cervezas escondidas en sus sudaderas, el buen Lalo, con su estilo tan peculiar, tuvo la brillante idea de llevarla en la mano, al fin que estaba cerrada (aquí vamos a dejar en claro que no es ningún delito ni falta administrativa hacer eso; la falta es, explícitamente, consumir alcohol en la calle, pero en la CDMX los señores justicia están muy atentos de encontrar dónde sacar el aguinaldo extra en esas fechas). Justo a unos 50 metros de la oficina, una patrulla llegó rápidamente, y hasta en sentido contrario, para detenernos. El oficial se bajó y César aún le reclamó por casi causar un accidente con su maniobra; Jonathan instintivamente se deshizo del alcohol que llevaba, y en ese momento el camarada César, que andaba en modo supercívico, dijo con toda la razón del mundo que sus acciones eran totalmente arbitrarias y que no había ningún motivo para una llamada de atención siquiera….
Mientras tanto, Jonathan y yo, con algo así como lenguaje de señas, procedimos a revisar cuánto efectivo podíamos obtener de nuestros bolsillos para proceder con la transacción de usos y costumbres…
En paralelo, el otro oficial ya había llamado refuerzos y estaba revisando a Fabián, que traía sus cervezas en la sudadera y que procedió a presentar como “evidencia”.
La cuestión fue que, cuando los oficiales se vieron superados por la situación, llamaron más refuerzos, y de la nada 3 o 4 patrullas más ya nos habían rodeado, y procedieron a revisarnos a todos; ahí Jonathan y yo supimos que ya no podríamos negociar nada. César seguía discutiendo y, en ese momento, procedieron a subirnos a las patrullas: a Jonathan, César y a mí en una, y a Fabián y Lalo en otra, para presentarnos al médico legista y al juez cívico.
En el camino, el buen Lalo llamó a su papá, que si mal no recuerdo trabajaba en alguna dependencia de policía en algún otro lugar de la ciudad, le contó qué pasaba y, casualmente, Lalo no pisó la delegación.
Nos contó Fabián que, cuando se dieron cuenta de que decíamos la verdad y nadie venía alcoholizado, los cambiaron de patrulla y, descaradamente, los oficiales que nos detuvieron al inicio abrieron las latas de cerveza y hasta se tomaron un par enfrente de ellos para dárselas como “evidencia” a los oficiales de la segunda patrulla donde los subieron.
En el caso de Jonathan, César y yo, nos llevaron a la delegación de Cuajimalpa, donde unos minutos después llegó Fabián, mientras que Lalo ya iba rumbo a su casa. Dado que no habíamos tomado alcohol suficiente, cualquier prueba nos daría negativo, así que estábamos esperando a que nos atendieran. El problema fue Fabián, que, al ser extranjero, fue amenazado con que una falta así sería motivo de deportación. En su desesperación le llamó al jefe administrativo de CODE, quien llegó más tarde a la delegación a interceder por él, y al final lo dejaron ir, desafortunadamente con una cooperación de parte de la empresa.
La médico legista nos revisó a los tres y nos dio el alta, como era de esperarse, con el resultado de que no habíamos ingerido alcohol y de que solo fuimos a perder el tiempo y a hacer perder el tiempo de las autoridades.
En fin, hay cosas buenas que parecen malas y ese día nos tocó bailar con la más fea.
Fuimos la burla y los responsables de que no hubiera rosca de reyes en la oficina ese año, pero bueno, las risas no faltaron.
El torito
Como dato, el Centro de Sanciones Administrativas y de Integración Social, mejor conocido como “El Torito”, es un lugar donde se llevan a las personas detenidas por faltas administrativas, como lo es el consumo de alcohol en la vía pública, y se les retiene por un periodo de tiempo determinado, dependiendo de la gravedad de la falta.
El comedor, el siguiente día hábil de nuestra detención, fue un lugar de preguntas más parecido a un interrogatorio, donde todos querían saber qué había pasado. Como dato, Felipe no se encontraba ese día en la comida, así que se perdió las noticias en tiempo real porque estaba de vacaciones. Cuando regresó fue su momento de desquitarse, y con intereses, de todas las que le habíamos hecho, tachándonos de delincuentes y personas disruptivas de la sociedad. Pero en una de esas estuvo picando el panal para que fuéramos con él un viernes al Mc Carthys por unas cervezas, a lo que todos los involucrados en el incidente no quisimos ir, así que solo fueron Arturo, Clau y él.
Esa noche se descontrolaron, como cada vez que Felipe se unía a las noches de promos de alitas y hamburguesas, dado que le encanta la fiesta. Salieron alrededor de las 6 p. m. y, a las 10 p. m., antes de que les cerraran el estacionamiento, salieron del pub para dirigirse a bailar al Mama Rumba. Lo que no tenían planeado fue que en el camino encontraran un alcoholímetro. Claudia llevaba de copiloto a Arturo y, cuando pasó en el retén, le dijo al oficial que ella era conductora designada, que el que se había bebido una botella entera fue el buen Arthur, así que el oficial le creyó sin chistar y los dejó pasar sin problema.
Felipe, por su parte, iba con su propio auto y, como es un ñoño dependiente de la tecnología, llevaba su celular con el Maps, por lo que el oficial pensó que era un Uber y le dio el paso sin revisión. Pero Felipe, con nula experiencia en encuentros con la autoridad, se puso nervioso y confundió los pedales del coche, lo que provocó que el oficial lo pasara por alcoholímetro y el resultado fuera detención por conducir bajo los efectos del alcohol, lo que lo llevó a pasar la noche en El Torito.
Al momento de la detención, Claudia se dio cuenta y regresó a ver qué pasaba junto con Arturo, encontrando a Felipe esposado y acompañando a una señora de la tercera edad que parecía dopada con algo duro, y se quedaron con él hasta que llegó el papá de Felipe por el vehículo.
Al transportarlo al Torito, dada la gran afluencia ese fin de semana debido a que fue día de reyes o algo así, Felipe pasó parte de la noche en un autobús de esos donde transportan a los granaderos, y el resto en el centro de detención, donde —como nos contó días después en el comedor— conoció a un par de sujetos interesantes; uno de ellos, un viene-viene que no alcanzó la cuota para la señora justicia, y uno que otro infractor burgués más. Le tocó ir a una plática de 12 pasos y además pudo comprar galletas o algo así en la tienda del lugar, despreciando la comida que les daban (así son de malagradecidos los burgueses).
Cuando nos contó su experiencia en el comedor con un gran sentido del humor, pasó a ser él quien pagó el precio de las bromas y burlas, lo que permitió la venganza de quienes fuimos detenidos sin motivos.
Más de esas historias pasaron en esa etapa laboral que viví, pero todo lo que empieza termina y, en el caso de CODE, para muchos de nosotros no fue tan grato.
El Covid-19 y el fin de CODE
Desde febrero, cuando comenzaron las noticias de que un nuevo virus estaba causando estragos en China, el ambiente en la oficina comenzó a cambiar, y a mediados de febrero, mucho antes de que se declarara oficialmente la cuarentena en marzo, ya nos dieron luz verde para trabajar desde casa, salir lo menos posible y evitar el contacto con los demás. En abril ya nos dieron la noticia de que había problemas económicos fuertes para la empresa y que por un tiempo estaríamos cobrando menos, con la promesa de que se nos reintegraría el resto del sueldo más adelante, cuando la situación mejorara. Siendo CODE una empresa pequeña, y con las cadenas de suministro afectadas, los problemas económicos se presentaron, así que en mayo se anunciaron los primeros recortes.
César, Oscar, Aaron y yo estuvimos en esa lista, junto con varios compañeros de otros departamentos, y era algo que se veía venir; teníamos todos un año en la empresa y relativamente menos experiencia, además de que el departamento de embebidos podría seguir sin unos cuantos miembros…
Salí de la empresa a mediados de mayo, estuve mes y medio más en la CDMX buscando empleo pero, al ver que todo estaba muerto y los casos se incrementaban por montones, decidí regresar a Oaxaca en lo que las cosas mejoraban.
Según supe, CODE no sobrevivió mucho tiempo y terminó cambiando de nombre y haciendo una reestructuración completa, pero no tengo muchos detalles de eso. Supe que a los pocos meses Arturo, Claudia, Rebeca y algunos amigos más fueron despedidos también; Felipe, Lys e Ivonne renunciaron por mejores oportunidades. Bueno, Felipe solo salió de CODE porque ya quería descansar.
Aún mantengo contacto con varios de mis amigos de CODE, sigo platicando de vez en cuando con Claudia y Arturo, hemos ido a hacer carnitas asadas a casa del Felipe un par de veces, y también platico con Lalo, con Aaron que anda en Querétaro ahora, y con Ivonne que vive en Europa actualmente.
Felipe terminó trabajando junto conmigo en Monterrey en Dextra Technologies, pero esa es otra historia para el siguiente post.
Para finalizar, CODE fue una etapa muy importante en mi vida, me dio la oportunidad de pasar de ser un técnico a un ingeniero de verdad, demostrándome que no me faltaban habilidades para investigar, programar y desarrollar soluciones, sino que me faltaba que alguien me diera la oportunidad de demostrarlo, y eso fue lo que hizo CODE: me dio esa oportunidad y me permitió crecer como profesional y como persona.
Agradezco a todos los que estuvieron conmigo en esa etapa, a quienes me enseñaron, me apoyaron y me hicieron pasar momentos inolvidables.